miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una caaaña con limón y una de berbereeechos!
(Puerta de nostalgia)

Querido loco:

Estoy melancólico, nostálgico. Cierran la nueva Los Espumosos, en Zaragoza. Ya no miro siempre hacia delante. Vuelvo la vista atrás, será la edad. Naturalmente, la que añoro es la mítica cervecería de Independencia, y me consta que no soy único entre los de mi quinta.

Desde niño era estación obligada en el paseo dominical de mi familia, en ello insistía con toda ilusión. Lugar mágico, un misterioso palacio de incógnitas dimensiones donde todo estaba cerca y lejos, era luminoso y confuso, íntimo y populoso... Entre el humo, que ascendía a los altos techos con el lánguido movimiento de los ventiladores, se entreveía su señorial decoración de espejos y columnas ornamentados. Los camareros, aquellos de antes tan amables y elegantes, cantaban comandas sobre el tumulto de conversaciones. Todo era opulencia, sabor y alegría. Hasta el suelo lucía, como era preceptivo, su cubierta de peladuras, palillos y servilletas de fino papel.

Mi padre –ese héroe infalible- encontraba mesa entre las sombras de la siempre abarrotada y sonora cervecería, como un milagro. Siguiendo la magia, compartíamos un lugar íntimo, donde la luz y el humo permitían distinguir poco más allá de nuestra mesa, y el bullicio confundía cualquier palabra que no fuera próxima. Comenzaba el desfile, como un ballet de Tchaikovsky, servido en cristal y loza blanca.

En Los Espumosos me dejaron probar mi primera cerveza. Una caña con limón como solo he tomado allí. Hecha con buen jarabe, no con refresco. Me consta que no se han olvidado su ensaladilla o los calamares. No eran tubo de pota, tan común en nuestras barras, sino calamares de calidad. Aún hoy busco desesperado ácido acético -que rebajo con ginebra- solo para aderezar berberechos de lata, cuando quiero darme un homenaje. Para mí es un verdadero lujo, una visita a los auténticos Espumosos que disfruto con el alma. Un viaje a la magia y el misterio, a la ilusión y al asombro que aún guardo en un rincón infantil de mi corazón.

Cosas del progreso. Cerraron aquella y se trasladaron al paseo Sagasta. Conservaron gran parte de oferta, con su calidad. La nueva era indudablemente grande -dos pisos- más iluminada, menos íntima y nada elegante. Cambiaron la madera y el bronce modernistas por pintura y lacado verde. Todo quedaba expuesto en su fría luz, impoluto. Nada acolchaba el murmullo, privado de las cantinelas de los camareros. Se fue el misterio, la calidez, la magia… y los berberechos de lata.

Tapeando en la sala de espera de un moderno hospital. Me siento como Winston al final de "1984", agradeciendo a papá estado -nuestro Gran Hermano- que tutele nuestra vida. Ni siquiera importa no poder fumar. El humo no tiene nada que velar, tan solo flotaría crudamente hasta la rejilla de un aire acondicionado.

Entraba ocasionalmente a la fría cervecería de Sagasta, como quien va al cementerio a reavivar recuerdos. Lo importante eran aquellos momentos familiares, no la calidad de las consumiciones, la profesionalidad de los camareros o el increíble ambiente. Con todo, compadezco a las nuevas generaciones. Agoniza la hostelería. Leyes, impuestos y beneficios hacen lugares menos atractivos. No me extraña que acaben bebiendo en calles y parques, como vecinos de un pueblo semiabandonado.

En mi loco mundo, los jóvenes han decidido que ya se ha perdido demasiado. Se lo gastan en el mejor alcohol que pueden –y lo disfrutan libres- en vez de pedirle venenoso garrafón a un maleducado –rodeado de matones- en un local insulso, incómodo y lleno de limitaciones. No cejéis, muchachos, hasta que os devuelvan la magia que nosotros disfrutamos. ¡Marchaaando!

NOTA. Las puertas de la evocación, a veces puertas de la nostalgia , son entradas que publicamos a la vez distintos blogeros en sus respectivos blogs.

Fue inspirado por una amiga - la que dije en mi texto anterior- que me animó a escribir y publicar lo que hoy he contado. Ella también participa, su entrada es esta:


http://miette-lafeeauxmiettes.blogspot.com/2010/09/puertas-de-la-nostalgia-i.html

domingo, 5 de septiembre de 2010

Puertas de la evocación.

Hola, loco.

Creo que era Benjamín Franklin, con humor científico, quien dijo que dos traslados equivalen a un incendio. Entre lo que se tira, rompe, pierde o ya no vale… lo único que te ahorras es el olor a chamusquina. El caso es que terminamos el segundo traslado en menos de dos años. Me queda una montaña de libros para los que aún no tengo sitio. Mi mujer se queja de que llenan las vitrinas, pero los prefiero a cualquier adorno.

Ordenando el trastero, para dejar provisionalmente algunos, se hace repaso de la vida. Qué cantidad de recuerdos guardamos. Nos negamos a abandonarlos porque nos devuelven un poco del pasado, de nuestra vida. No nos damos cuenta, pero también estamos llenos de recuerdos dormidos, que vivimos inconscientemente.

Podemos ser conscientes de que el rostro de una prima, por ejemplo, es clavado a ese busto de la abuela que ha estado años mirando al ficus. El busto, mi abuela ya... También las fotografías son saltos directos. Sin embargo, nuestra cotidianidad está llena de pequeñas cosas que son recuerdo inconsciente de algo. Costumbres, gustos, lugares, incluso personas por las que tenemos especial preferencia. Sin darnos cuenta, nos atan a momentos vividos. Los llamo puertas de la evocación.

Un inciso. Me molestan aquellos que justifican su mal comportamiento hacia alguien, basándose en que es natural que haya quien les caiga mal sin motivo aparente. Quien antepone los instintos a su humanidad es sencillamente un animal. Ocurre, caen mal, pero solo hay que detenerse y reflexionar para descubrir porqué. En mi caso, siempre había una explicación de la que el interesado solía ser inocente. Como esos nombres que nos gustan o no -aunque sean raros o populares respectivamente- porque los relacionamos con personas.

Volviendo al lado positivo. A mi parecer, esas evocaciones son más importantes que los recuerdos directos. Influyen en nuestra forma de ser porque las llevamos dentro, siempre. No las podemos meter en un marco o dejarlas sobre un mueble. Nos dan pequeños alivios, permitiéndonos evitar la uniformidad que impone la obligación diaria. Nos hacen únicos y personales, humanos. Quiero poner alguna de mis puertas especiales entre mis quejas, de vez en cuando.

Especialmente ahora. Tengo la suerte de conocer a una admirable escritora que hará lo mismo. En parte, ella me ha ayudado a entender esto. Con un estilo breve y sencillo, siempre encantador, deja en su blog un rastro de miguitas –es "La Fée aux Miettes"- que nos lleva a mundos que merece la pena encontrar. A veces hace pensar y otras solo disfrutar.

La vida actual es cada vez más impersonal y apresurada. En mi loco mundo aún hay personas capaces de regalarnos pensamiento y belleza, siendo así de refrescantes: "Yo sueño con hormigas, me piden que les haga una foto. Mientras, oigo el suspiro de las mariposas…"

jueves, 2 de septiembre de 2010

Las Joyas del reality.

Hola, loco.

Pido disculpas a quien esperara mayor continuidad. He sido operado –ya estoy bien, gracias- y he estado de vacaciones. Ahora no dispongo del mismo ordenador, apenas puedo leer el blog y no podré responder a vuestros amables comentarios.

Una amiga me sugirió que incidiera en los temas de educación, de cortesía concretamente. Para mí es un tema tangencial, que ha de salir entre mis quejas. Importante, sin ser principal. Por ello, me agradó la idea de "Las Joyas de la Corona". Me causó buena impresión la versión anglosajona.Como ya dije, la buena intención es la base de la buena educación.

Lo que vi en la primera entrega no me convenció. Mal empezamos, si Josemi Rodríguez-Sieiro es referencia. Dejando aparte que siempre me han dado repelús los ultra-conservadores con pluma, que no me cuadran. Quizá sea prejuicio mío, exagerado por mi aversión a la hipocresía. Tiene esa actitud sobre-actuada de… nariz arrugada, tendencia a valorar las cosas económicamente y otros detalles desagradables. Precisamente había aquí denunciado la mala educación que delatan. Sobre la ropa, la mayoría se habrá dado cuenta. No se viste para estar acorde a la situación y al resto de invitados, lo hace para destacar. Incluso pareciera que lo hace para quedar por encima, sobre todo cuando insiste en que su ropa es mejor. Según la definición clásica no viste -ni se comporta- elegantemente.

La persona elegante no peca de exceso.
La elegancia también es una actitud personal, que acompañada de naturalidad permite alguna excentricidad, pero no todas constantemente. Por cierto: dar lecciones de educación y estilo a quien no las espera, corrigiéndole en publico, es impertinente y terriblemente maleducado.

Así, no vi la segunda entrega. Me había quedado la sensación de una escuela de nuevos ricos o de petimetres, de los que hacen reír en ciertas reuniones si no sacan los pies del tiesto. Sin embargo vi la tercera. En ella oí a don Liberto dar claves sobre el verdadero sentido de la buena educación, también oí algo similar en boca de doña Mariasela Álvarez. Buenos consejos, destinados a mejorar a los jóvenes alumnos desde lo profundo, que no solo les convertirán en personas educadas –si los asimilan- sino mejores personas, incluso personas de éxito.

Las enseñanzas de otros profesores adquieren valor en este contexto positivo. Las de doña Bárbara de Senillosa , incidiendo en un nada desdeñable respeto a los demás, toman autentica dimensión. Lo digo a pesar de la actitud que tiene, hiriente en ocasiones ¿Soy el único al que le recuerda a aquella doña Alicia de "Curso del 63"? Ser cortante con un subordinado irrespetuoso –que es lo que son algunos alumnos- puede ser justo y necesario, pero hay que dosificar mucho y no presionar gratuitamente. Especialmente cuando se es ejemplo personal, y en este caso son el único modelo para sus alumnos.

En este punto el balance es positivo, incluso teniendo en cuenta la actitud de Nacho Montes, aún más hiriente aunque nazca de la buena intención. Sin duda, como profesor en una academia de este tipo, hay cosas que debe decir a sus jóvenes. No le falta razón, valor para asumir el papel de "hueso", e incluso acierto. Otra cosa es que presione demasiado y no sea modelo en las formas, se pasa. Respecto a su validez en la materia concreta que le ha tocado… solo diré que si el antes mencionado Josemi volviera a hacer de muñeco de ventrílocuo, Nacho Montes no desentonaría de pie, detrás suyo, metiéndole la mano por detrás. La mano, señores, por favor, castamente.

Carmen Lomana es educada y predica actitudes positivas, como no darle a las cosas valor por el precio ¿Sería así sin recursos ilimitados? Como ejemplo vital, no la pondría de máximo modelo ni aunque los alumnos estuvieran podridos de dinero.

Un inciso. Conozco suficientes, criados en ambientes exclusivos, para asegurar que la forma de hablar de la directora no es el resultado del botox o un error de quirófano, como dicen malas lenguas. Algunos realmente hablan así de exagerado. Es acento que queda en distinto grado. De hecho, hay quien habla con cierta normalidad teniendo hermanos con ese defecto. Su forma extrema no es necesaria para nada que no sea marcar diferencias, quien de joven se sintiera inseguro. A partir de cierta edad es prácticamente incorregible. Intentar imitarlo en serio –hay quien lo hace- es penoso: se nota y queda aún más ridículo.

He estado viendo capítulos y, al final de cada uno, expulsaban –groseramente, por una trampilla- a un alumno. En los que he visto, desechaban a jóvenes comedidos, discretos, prudentes y alguno incluso aplicado. Salvan repetidamente a concursantes que demuestran –con hechos, no con palabras de última hora- no tener mínima intención de darse el más leve pulido, ejemplos de zafiedad y desprecio a los demás. Hasta se introducen nuevos alumnos de su cuerda. Como dicen los programas que ponderan "Las Joyas de la Corona", son los que más juego dan. A los otros se les da aviso: queremos verte más participativa, más interactiva, más real… menos contenido… Al final, se ve que es falso, que es solo maquillaje, que es otro "reality show" donde lo que prima es armar escándalo –llámenlo polémica- y dar (el) espectáculo.

¡Ah! Pero a este mundo hipócrita llega la bendita locura, y en mi loco mundo hay alumnos que se quedan con lo que vale, con la esencia, y dan una lección de dignidad a los profesores. Los dos últimos no se resignaron, no cedieron, perdieron adrede la prueba final –incluso ayudando a su oponente- y se marcharon con la cabeza bien alta. Superando nervios y bisoñez, dejaron clara su postura con toda educación  y sin estridencias, sin faltar pero con rotundidad. Bravo.

P. D. Por cierto, a los que han visto el programa, se cometen errores. Por ejemplo, en uno de esos exámenes finales dieron por bueno que un tenedor sin cuchillo  se coloca a la izquierda.